El Pintor

Su pintura, llena de formas insinuantes, produce en nosotros la sensación de inquietud por entrar en sus escenas y tratar de descifrar un mensaje lleno de ambigüedades y dobles sentidos, que el pintor nos muestra en múltiples imágenes que se prestan a confusión y al no entendimiento, pero nadie se escapa de la provocación que supone ser, por un momento, espectador de la obra de Gabarrón.
En sus cuadros expone una reflexión, al final admirable, transmitida con tal intensidad, que me hace dudar hasta que punto el arte, es para él, no sólo un instrumento de comunicación, sino también una vía de escape de tensiones interiores y de deseos. Intento adivinar que desconocidas aventuras vivirá en los lienzos y cual será su mensaje espontaneo para mí totalmente confuso.
Frente a esta obra sobria y serena, aunque a la vez explosiva, es cuando uno cree darse cuenta de “la gran verdad del arte” y sentirse un poco más próximo a ella. Es cuando uno empieza a sentir un gran respeto por esto que ha sido la vida e incluso la razón de la muerte, de la mayor parte de nuestros “genios”. Es cuando se tiene la oportunidad de descubrir la vitalidad de éste, la capacidad para reflejar paisajes internos y aliviar al artista, de cuanto no puede o no quiere realizar, llevando al máximo todas las sensaciones posibles.

Su pintura, caracterizada por una fuerte personalidad, sencilla y a la vez compleja, en continua lucha como es propio de su persona, esconde en cada trazo, en cada color, un mensaje con lectura propia. Su creación, alejada de toda corriente y tendencia artística, dinámica por excelencia y en ocasiones violenta, se compone de laberintos interiores y paisajes bidimensionales que se prestan a varios tipos de interpretación. Las palomas poseen dientes afilados y sangrientos, los perros se muestran mansos y amigos, los cuerpos y los árboles se estremecen hasta la deformación y el vacío compensa la fuerza del color y el peso de la materia, el resultado es la inmensa duda de no saber lo que esta viendo.

Los contrastes de los colores opacos y las veladuras bruscamente interrumpidas por los fuertes trazos que cortan o encierran la mancha, diseñan un rico y espectacular escenario en el que se desarrolla una composición libre con un calculado e intencionado equilibrio y un elaborado cromatismo, aunque por la frescura y la espontaneidad de su obra sea difícil apreciar estas características.